Ayudar a los bebés en los cambios de vida

Texto de Rosa Vidiella i Vedell

En las reflexiones de los equipos de maestros de las escuelas infantiles se intenta encontrar salida, junto con las familias, a las dificultades que les supone a los bebés los cambios excesivamente prematuros. Hay que tener en cuenta que el hecho de llevar el niño de pocos meses a la escuela, también supone una preocupación, un sufrimiento para los maestros.

En algunas escuelas, han puesto en práctica la siguiente experiencia: Cuando viene un nuevo niño pequeño, piden a la madre que lleve una prenda personal usada (sujetadores, pañuelo de cuello …), que los educadores ofrecen al niño si está nervioso y también al ponerlo a dormir, ya que le permite tranquilizarse al reencontrar el olor de la madre. Me reafirmo en las posibilidades de esta experiencia, ya que, en dos ocasiones he podido escuchar al Dr. PERE POCH (neonatólogos del Hospital de la Vall d’Hebron), explicando cómo su equipo facilita una pieza usada de la madre al bebé en casos donde ésta no puede ser suficientemente presente, incluso en situación de incubadora.

Estas experiencias me dan esperanzas de que podemos hacerlo mejor con los más pequeños. Claro que, los bebés, desde que nacen, se explican con muestras de bienestar o de malestar, según sus percepciones del entorno humano y físico, con movimientos globales, expresiones de la cara, el llanto …

Al nacer un niño, los primeros que buscan respuestas a las incomodidades que este muestra son los padres u otros adultos que puedan estar al cargo. Sería bueno, que esta atención cuidadosa se pudiera mantener durante el primer año de vida, a lo largo del cual, además, podría participar, acompañado del padre o de la madre, en un Espacio Bebé (hasta los cuatro o cinco meses) y luego en un Espacio Familiar.

A estos espacios familiares, se suele ir pocas horas y no cada día, y el niño puede descubrir nuevos entornos mientras que las familias pueden compartir y quizás encontrar soluciones a sus dudas sobre la crianza. De lo que se trata, es de respetar el camino que hace el bebé hacia su autonomía.

A medida que los niños van disfrutando de los entornos y pueden prescindir de la atención de la madre, será el momento de separarse de una forma más organizada, como puede ser ir a un jardín de infancia, donde, una o dos maestros, tendrán cuidado del niño unas horas al día en ausencia de la familia. Este planteamiento, sería lo deseable.

Los cambios prematuros en la vida de los bebés, no deberían estar basados ​​ni en las edades de los niños ni en las dificultades de sus progenitores, sino que deberían tener en cuenta el proceso del desarrollo emocional que llevara al niño a sentirse -se libre y seguro dentro de un grupo, y poder descubrir lo que le rodea jugando.

Pero las vidas de los adultos, a menudo no se rigen por esta lógica basada en los derechos de los niños, sino que está sometida a muchas dificultades no siempre resolubles: calendario laboral, permisos para poder atender a los niños pequeños, relaciones familiares a veces complejas, etc . Pasan los años, y no se mueve nada que mejore las diversas situaciones: los niños no son lo primero para la sociedad, tal como debería ser, y ellos se han de salir como puedan … Hay que hacer cambiar esta situación desde todos los ámbitos: sindical, patronales …

Mientras no lleguen los cambios (hay que confiar en el progreso …), a los educadores de las escuelas infantiles necesitan, junto con las familias, intentar aproximarse a dar mejores respuestas para facilitar a los niños construir su seguridad dentro de un grupo, respuestas siempre basadas en la observación de lo que ellos muestran. Ayudar a los niños en este sentido, les permitirá poder sentirse libres (no dependientes de la educadora), y jugar, descubrir el entorno, iniciar y crear las relaciones con los otros niños, … Las familias pueden también contribuir, preparando al niño antes de ir a la guardería, y creando con serenidad la separación.

En cuanto a bebés de meses, si se da el pecho “a demanda”, habrá que ir pasando al biberón días antes de iniciar el viaje a la escuela, no sea que de repente el bebé tenga la atención de la maestra en lugar de la madre con el olor, la voz, y el tono muscular … diferente. ¿No les estamos pidiendo demasiado? ¿Como pueden asumir tantos cambios cuando apenas están construyendo su vínculo amoroso con la familia? ¿Que podemos hacer?

Sería bueno que pudiéramos pasarnos experiencias, pequeños descubrimientos y aportaciones que algunas educadoras van descubriendo en su preocupación por ayudar a los bebés a acomodarse a nuevas situaciones. Iniciativas como estas me dan esperanzas de que podemos hacerlo mejor con los más pequeños. Pero no debemos olvidar que lo necesario e imprescindible es que tratamos de cambiar la sociedad, por tópico que pueda parecer. Sólo de esta manera conseguiremos que se puedan respetar mejor los derechos de los más pequeños.